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HISTORIA
DEL REIKI
Mikao Usui era el decano de una pequeña Universidad cristiana
de Kyoto, Japón. Un día, algunos de sus alumnos, le preguntaron
si creía en la traducción literal de la Biblia, y en concreto
si creía en los milagros de curación que realizó Jesucristo.
Su respuesta fue afirmativa. La siguiente pregunta le desconcertó
ya que le plantearon que si Jesucristo había afirmado que: "Actuarás
como yo he actuado, e incluso lograrás mayores prodigios"
como podía ser que no hubiera habido más sanadores en el mundo.
A
continuación le pidieron que les enseñara los métodos que Jesucristo
había empleado para curar. Por honor, tal como le dictaban las
normas de comportamiento japones tradicionales, se vio obligado
a renunciar como decano debido a que no supo proporcionarles respuestas.
Determinado a dar con la resolución a este enigma, según
algunas versiones de su biografía, se desplazó en primer
lugar a EE.UU. para iniciar sus investigaciones al respecto. Como
era misionero y ministro cristiano, estudió en la Universidad
de Chicago. Durante los siete años que dedicó al estudio intentó
comprender por las Sagradas Escrituras como Jesucristo logró obrar
milagros y transformaciones. Durante este tiempo, se doctoró en
teología pero no dio con las revelaciones que perseguía.
Viajó
a la región Norte de la India y al Tibet, debido a que se sospechaba
que Jesucristo había estudiado allí. Aprendió el sanscrito, la
antigua lengua sagrada de los hindúes. Estudió los Sutras del
Loto Tibetano y tuvo la sensación de haber encontrado respuestas
intelectuales al misterio de las curaciones de Jesucristo, aunque
no la facultad para ello.
El
doctor Usui regresó al Japón y comenzó a estudiar al Buda. Se
dio cuenta de que él había realizado los mismos milagros que Jesús.
También que el Buda había curado enfermos y tenía un gran control
sobre la energía, debido a que canalizaba el poder de Dios del
Universo. El doctor Usui comenzó a consultar a las diferentes
sectas budistas en relación a la capacidad de obrar milagros que
Buda llevó a cabo: ¿podían realmente curar el cuerpo? Los
budistas respondieron que no creían que la curación del cuerpo
y la de el alma se encontraran siempre directamente relacionada.
Concentraban la energía en el alma y confiaban la curación del
cuerpo a los especialistas en las artes curativas. Sostenían que
el cuerpo y el alma se encontraban separados, y que era el alma
la que necesitaba sanación.
El
viaje del doctor Usui le condujo finalmente a un monasterio zen.
Planteó al monje superior la misma pregunta: "¿Sabe
como curar el cuerpo?" A lo que el monje le replicó: "Ya
no." Esta respuesta dejó perplejo al doctor Usui, que no pudo
menos que preguntar: "¿Qué quiere decir con que ya no
sabe?" El monje le explicó que habían puesto tanto énfasis
en la curación del alma que habían olvidado por completo el cuerpo;
así mismo, hizo hincapié en que lo que había sido posible anteriormente
podría lograrse de nuevo. El doctor Usui se sintió tan complacido
por el entusiasmo del monje que le pidió que le ayudara en su
intento de redescubrir como curar el cuerpo. Fue admitido en el
monasterio zen de Tokio y comenzó a estudiar bajo la tutela del
monje zen.
Durante
los años que pasó en el monasterio, leyó los Sutras, las escrituras
y enseñanzas de Buda, pero siguió sin encontrar una respuesta.
El monje le instaba a meditar y encontrar la respuesta dentro
de sí mismo. La meditación le sugirió que aprendiera chino. Fue
durante esta época de estudio cuando comenzó a descubrir lo que
suponía era el secreto de la capacidad de curación. Dio con lo
que creyó era la clave que le permitiría abrirse camino hacia
la curación de la forma en que Jesucristo y Buda la practicaban.
El doctor Usui se dirigió al monje para compartir sus hallazgos
con él y buscar orientación. Gracias a la meditación, a él y al
monje, se les reveló que el doctor Usui debía ir a una montaña
sagrada próxima a Kioto, llamada Kuri Yama. Durante su estancia
en la montaña, debía ayunar y meditar por espacio de veintiún
días. De esta forma, recibiría la iluminación y la claridad espiritual
necesarias para desentrañar el misterio.
El doctor Usui peregrinó de Tokio a Kuri Yama con unas pocas pertenencias.
En la cima de la montaña, encontró un lugar orientado hacia el
este. Cada mañana se levantaba antes del amanecer y tiraba una
de las veintiuna piedrecitas que había colocado en frente de su
lugar de meditación. Cada día meditaba y observaba un ayuno estricto.
Cuando despertó al 21 día no pudo ni ver sus manos frente a su
rostro. Era como luna nueva, todo muy oscuro, encontró el camino
hasta el lugar de meditación y recogió la ultima piedra. Antes
de tirarla por la ladera de la montaña, rezó pidiendo a Dios que
le mostrara una confirmación de sus descubrimientos y que lo iluminara
a fin de saber como debía utilizarlos. Al tirar la piedra por
la ladera de la montaña, apareció una luz a lo lejos al este.
A medida que se le iba aproximando, la luz se tornaba cada vez
más deslumbrante.
En
ese momento fue presa del miedo y quiso huir. Sin embargo, oyó
una voz interior que le decía: " Has estado buscando durante
veintiún días. Has estado ayunando y meditando durante veintiún
días. Has estado rezando para recibir una iluminación y confirmación,
y )ahora quieres huir?" Y, de este modo, el doctor Usui sosegó
su intelecto y se dijo para sí: "No, su la luz va dirigida
a mí, aceptaré la iluminación". La luz se volvió cegadora
y atravesó los cielos para iluminar su tercer ojo. El doctor Usui
creyó que había muerto y que había llegado al cielo, ya que nunca
se había encontrado en un estado tan eufórico. Todo su campo de
visión se hallaba ocupado por un arco iris de colores. Burbujas
de oro, blanco, azul y violeta emergían de este arco iris. Cada
burbuja contenía caracteres holográficos en sanscrito que había
aprendido en las escrituras de las enseñanzas del budismo tibetano.
Una voz dijo: "Estas son las claves de la curación. Aprendelas,
no las olvides y no permitas que se pierdan." El doctor Usui
vio y escuchó hasta que se oyó a si mismo proclamando en su propia
mente: "Las he retenido, no las olvidaré y no permitiré que
se pierdan". En ese momento se despertó y descubrió que todavía
se encontraba en la Tierra. Inmediatamente puso en orden sus pensamientos
y sus escasas pertenencias e inició el descenso de la montaña.
Estaba tan exaltado y tan lleno de energía que apenas podía aguardar
llegar al monasterio para relatar al monje su experiencia. Era
el primer milagro de la mañana.
El
segundo milagro tuvo lugar cuando el doctor Usui, a toda prisa,
tropezó y se lastimó el dedo gordo. Se inclinó para comprobar
si sangraba mucho y aliviarse el dolor y, cuando lo hizo se dio
cuenta de que tanto el dolor como la hemorragia habían cesado
rápidamente. Algo había cambiado completamente en la energía de
sus manos. Estaban calientes. El doctor Usui curó su herida y
prosiguió viaje montaña abajo. Cuando se le despertó el apetito,
se detuvo ante una casa que servía comida a los viajeros. Pidió
arroz frío y té frío. Al cabo de unos minutos, una muchacha con
una venda en torno a la cabeza y la mejilla sirvió al doctor.
Le preguntó que le sucedía, a lo que la chica le contestó que
tenía dolor de muelas. Alentado por su reciente curación, se ofreció
para curarla. La muchacha sufría mucho y aceptó encantada. El
doctor Usui puso las manos sobre la mejilla y la cabeza de ella
y, al cabo de unos minutos, el dolor y la inflamación comenzaron
a remitir. Cuando el doctor Usui acabó de comer, fue a pagar al
posadero pero éste le replicó: "Gracias, señor Monje, pero
no puedo aceptar su dinero. Le ha prestado un servicio a mi hija
que no podría pagarle. Por favor acepte la comida a cambio de
los servicios de curación prestado". EL doctor Usui acepto
la comida a cambio de sus servicios como instrumento de curación.
El tercer milagro se había producido. El cuarto milagro ocurrió
cuando el doctor Usui llegó a Tokio al día siguiente y se dirigió
al monasterio para contarle al monje zen todo lo que había sucedido.
Lo encontró sumido en grandes dolores debido a la artritis. Mientras
compartía su experiencia con él, puso sus manos sobre el monje
y los dolores cesaron de inmediato.
El
doctor Usui pidió consejo al monje sobre lo que debía hacer con
las claves y la energía curativa que había recibido. Deseaba aprender
más acerca de cómo aplicarla y como desarrollarla. El monje le
aconsejó de nuevo que meditara. Durante sus meditaciones, se le
remitió al "reino de los mendigos" de Tokio. Este lugar se hallaba
controlado por un rey que tenía a su cargo un feudo de mendigos.
El doctor Usui fue a visitar al rey de los mendigos y le preguntó
si podía trabajar con los enfermos y los afligidos. El rey le
admitió, pero dudó que pudiera tener éxito. El doctor Usui demostró
una gran disciplina y dedicación. Durante siete años transmitió
energía Reiki. Trabajó con jóvenes y con ancianos. Obtuvo resultados
extraordinarios durante esa época.
Ejerciendo la práctica el doctor Usui se dio cuenta de la importancia
del intercambio de energía. Las personas necesitan dar algo a
cambio de lo que recibían, de ese modo la vida no carecería de
valor. Los maestros que se aparecieron en Kuri Yama. Le dotaron
de elementos muy importantes: la curación del alma y la comprensión
de la responsabilidad de la persona receptora en el conjunto del
proceso de curación.
El doctor Usui comprendió entonces que había estado procediendo
justo de forma contraria a como habían actuado los budistas, al
concentrarse en la cura del cuerpo y no del alma. Al "regalar"
la curación, lo que había logrado era "imprimir" con mas fuerza
en aquellas personas la pauta de mendigo. Además descubrió que
al querer corregir su
Los
Cinco Principios Espirituales del Reiki suscitaron cambios
sustanciales en los trabajos posteriores del doctor. Se dio cuenta
de que había estado tratando a las personas sin requerirles que
asumieran parte de la responsabilidad en el proceso y que no había
habido intercambio de energía por los servicios que prestaba a
los demás. Las nuevas enseñanzas exigían que los conceptos espirituales
fueran integrados junto con el aspecto físico de la energía Reiki.
El doctor Usui se percató de que la experimentación de los Principios
Espirituales producia cambios en su propia vida y en la curación
que aplicaba a los demás. Observó cómo su campo áurico radiaba
los Principios al campo etérico del receptor, alterando su conciencia
y afectando al mismo tiempo la curación que estaba teniendo lugar.
También comprendió que, a medida que el instrumento Reiki iba
creciendo, gracias a la aplicación diaria de los Principios Espirituales,
la esencia se iba manifestando a todos los niveles de la vida
de la persona. El modo en que actuaba, reaccionaba, comprendía
y daba consejos a sí mismo y los demás cambió, del "Poder del
Yo" del hombre a la voluntad divina de la conciencia "YO SOY"
de Dios.
Usui
descubrió dos factores muy importantes: que la persona debía pedir
el tratamiento y segundo, que debía tener lugar un intercambio
de energía por el tiempo que el conductor dedicaba a sus servicios
(no es justo hacer sentir a nadie en deuda por servicios prestados).
Al intercambiar energía la persona paga su deuda. El Reiki procede
del corazón. Sólo a través del corazón puede conocerse la plenitud
de la vida. El corazón es la puerta que conduce al Amor: el amor
a uno mismo, el amor a Jesucristo y el amor a Dios dentro de nosotros
y la efusión del amor divino hacia la creación de Dios.
El doctor Usui prosiguió enseñando Reiki a lo largo de las islas
de Japón hasta su muerte alrededor de 1926. Entre 1900 y 1926
formó a dieciséis discípulos suyos, que se convirtieron en maestros.
Uno fue el doctor Chujiro Hayashi, a quien pidió que velara porque
se preservaran las enseñanzas que le había trasmitido. Este a
su vez entre otros, formó a dos mujeres a fin de que pudieran
sobrevivir la guerra. Una de ellas fue Hawayo Takata a quien nombró
como sucesora.
Hawayo
Takata volvió a Hawaii como maestra de Reiki, y dio a conocer
al mundo occidental el regalo de Reiki. Formó como maestro Reiki
a su nieta Lei Furumoto y en 1983 se fundó La Alianza de Reiki
y se reconoció a Lei Furumoto como el gran maestro Reiki con la
linea espiritual directa de Mikao Usui, Chujiro Hayashi y Hawayo
Takata.
Hoy
existen miles de maestros de Reiki en todo el mundo. Un gran numero
ha ampliado el método Reiki añadiendo su propia área de especialización
a la técnica básica. Aspiran enriquecer la formación técnica del
alumno incluyendo otras enseñanzas metafísicas, esotéricas, espirituales
y holísticas. Recordemos que la curación se beneficia de los infinitos
recursos de Dios.
El
propósito de las enseñanzas del doctor Usui es que la salud comienza
cuando la vertiente espiritual del hombre es despertada al amor
incondicional de Dios. Esta persona asume entonces toda la responsabilidad
de sus acciones en la vida y se encuentra capacitada para llevar
a cabo su propia curación.
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